Venecia, ciudad licenciosa. Venecia, lugar de lujuria, intrigas amorosas y traiciones, pero también ciudad del amor. Lugar de espléndidas mansiones, pero también de casini, ridotti y prostíbulos.
Los ecos de las fiestas y de las historias de amantes encontrados y traicionados aún resuenan entre rii, calli y campielli. Nobles damas ocultas tras la bauta para escapar de las miradas indiscretas de maridos y conocidos. Cortesanas bellísimas, refinadas y codiciadas, guardianas de los secretos del arte del Amor. Ellas combinan la sabiduría erótico-amorosa con su capacidad intelectual, considerando el cuerpo como un instrumento de seducción, placer y poder. Monjas, no por vocación sino por obligación, que se abandonan entre los muros de los conventos a una vida lujuriosa con la complicidad de los monjes. Meretrices que, con más dificultad y de forma menos sofisticada, ejercen la profesión allí donde el Estado lo permitía.
Todo esto también era Venecia.
Los lugares del placer eran muchos y estaban repartidos por toda la ciudad. Recorrerlos de nuevo puede ser una forma divertida de conocer las mil facetas de la vida veneciana. La toponimia nos ayuda: ponte delle tette, traghetto del buso, carampane. Las historias eróticas esculpidas en los capiteles de los edificios nos narran la vida más auténtica del pueblo. Tabernas, bacari y malvasie eran los puntos de encuentro de esta humanidad tan variopinta que solo un puerto de mar como Venecia podía reunir.
Historias y anécdotas contadas con simpatía son la base de este recorrido entre lo serio y lo faceto.