La sensibilidad artística de los venecianos es innata. El gusto por lo bello y lo refinado no puede sino enfatizarse en un lugar como Venecia, donde todo habla de arte y donde este encuentra su mayor expresión estética.
Sin embargo, el gusto de los venecianos es preciso y difícil de influenciar. El gótico, el renacimiento y el barroco son moldeados y adaptados a la voluntad del pueblo veneciano, que se distingue en todos sus aspectos.
Es esto lo que ha convertido a pintores como Paolo Veneziano, los Vivarini, Vittore Carpaccio, los Bellini, Giorgione, Jacopo Tintoretto, Tiziano, Paolo Veronese y hasta Giambattista Tiepolo en los más grandes de su época. Definidos como los pintores del color porque los matices de sus lienzos reflejan el reverbero de los colores en las aguas de la laguna. Son cálidos y envolventes, potentes como demostración de la fuerza de la República, brillantes y joviales en las representaciones de los banquetes y de la gloria de las familias nobles.
Son la máxima expresión de la venezianità, que irrumpe con fuerza tanto en los relatos de historias religiosas como en las mitológicas: nunca hay distanciamiento, sino una invitación al espectador a formar parte de la obra como protagonista. Los cuadros de los venecianos no solo se miran, se viven.
Al visitar las Gallerie dell’Accademia de Venecia, se recorren los pasos de la evolución artística veneciana desde el 1300 hasta el 1700. El tour propone un viaje en el tiempo, sumergidos en un torbellino de rojos, verdes y azules, entre la religiosidad y la fastuosidad.