Leyenda, historia, arte y simbología se funden en el relato de la inmensidad de los mosaicos dorados de la iglesia principal de Venecia: la Basílica de San Marco.
En ella, las reliquias del Evangelista se custodian todavía hoy, tras el robo del cuerpo en Alejandría de Egipto. ¿Verdad o fantasía? Solo la fe puede darnos la respuesta, y la fe de los venecianos en su santo patrón era tal que le dedicaron una iglesia que no tiene igual en el mundo.
Riqueza y belleza artística transmiten intacta la espiritualidad cristiana. Cada rincón, cada detalle, cada losa de mármol o columna nos cuenta una historia; nos remite de forma sencilla a las Sagradas Escrituras, a la vida de Cristo, de la Virgen María y de San Marco. Somos guiados de la mano a través de un camino divino de salvación.
Pero otros recorridos pueden ser descubiertos, o mejor dicho, redescubiertos, porque somos nosotros, los hombres modernos, quienes hemos perdido la capacidad de interpretar esos signos que incluso el hombre común del pasado era capaz de comprender. Nada se dejaba al azar, todo tiene un significado preciso y contextualizado. Nos corresponde a nosotros, hoy, buscar las huellas de ese pasado que está más presente que nunca.
Todo esto requiere, sin embargo, tiempo, silencio, soledad y una voz narradora iniciática que revele las verdades ocultas.
En el caos diario de los millones de turistas que abarrotan la Basílica, esto es impensable. Pero por la noche, cuando estos visitantes apresurados y distraídos hayan abandonado la ciudad y las puertas de la iglesia se abran solo para ustedes, el sueño se hará realidad.